A Rodolfo F. Matorras

mayo 11, 2011 - Escribir una respuesta

Agua sentimentaloide


Lágrimas patéticas…
Lágrimas vulgares…
Lágrimas anodinas…
Sólo agua corriente brotando de los ojos para auto-compadecerse.
Sólo agua alcalina, que brota cuan fuente histérica y fantochesca para que se hidrate el rostro, para sentir el saborcito de la estulticia llegando a los labios. Y así tal vez, llamar la atención de un ser amado. Y quizás, lograr un objetivo perverso y ególatra.

Yo sólo quería volver a ver tu rostro otra vez. Eso ya no es nada en este estadío carnal . Pero sólo quería ver tu rostro. Cada día que pasa se va esfumando de mi memoria. Reencontrarme con tu cara y un gesto eran la prueba, el comprobante de todo aquello que había aprendido contigo. Como convertírme de ser una simple vulgar a una vulgar con cierta pincelada de altruismo. Un adelanto en la capacidad sentimental de mi mortalidad, de mi propia capacidad de amar. Tal vez.

Las lágrimas auténticas no son un producto físico, no son fáciles de adquirir, no se venden, no se disfrazan en un cursillo de teatro, no tienen un fin específico. Es más, hasta no se hallan en la mirada.

La auténtica lágrima es tan genuina y dolorosa que brota y bombea al alma en forma de sístoles y diástoles descontroladas: impertinente, indominable. Y si así es su deseo, hace que tu corazón deje de latir para sólo hacerte sentir por unos instantes que ya no eres dueño de ti mismo.

Yo sólo quería volver a ver tu rostro. Simbolismo cruel. Destino impredecible y ruín.

El capricho de querer observar el pasado capturado en haluros de plata, sólo hubiese logrado lágrimas patéticas y sentimientos confusos.

Tal vez las lágrimas auténticas que lograste revelarme hayan hecho percatarme que aún aportas a mi vida, desde esa maldita lejanía que sólo un ser supuestamente superior e impasible nos pudo haber impuesto.

Pero ya descubrí que tu ser sigue brillando, y que en el momento correcto vuelve a darme señales para que yo encuentre por mis propios medios las respuestas.

Decir que te amo será entonces una cursilería como la lágrima falsa. ¿Ves, amigo de la eternidad? Ya me has aterrizado nuevamente en este mundano espacio.

2o de julio del 2002

Li’L Herbst – English

marzo 24, 2011 - Una respuesta

Don’t love me. I’m just an illusion.

I won’t forsake my madness, I won’t forsake my feelings. I won’t betray my passion. I will entrust my life to God, to nature. Suffer my own cross. Can taste it. My life grows up and inside me the whole universe.

I’m glowing and several souls get blinded. So poor of them. I will keep breathing in the dark.

Why I didn’t notice it ? I’m the happiest creature I’ve ever known!

I’m another goddess of a thousand goddess, so necessary, so important for every atom , for everything. Another ego and nothing more.

El nacimiento de Li’L

diciembre 27, 2010 - Una respuesta

La pasión me atormenta. Vivo, respiro, muero en cada parte de mi existencialismo.

El impulso vital se ha disparado, cual arma mortal de fuego. Renazco de entre las cenizas. Grito, lloro, perdono, castigo, maldigo, para al final ser bendecida.

Mi cuerpo estalla, mi alma respira oxígeno de refinada calidad. Ancestral y ancestros, genealogía y geniología. ADN y la nada. Muestras de amor y de odio. Todo es una confusión que sirve para despejar dudas, retomar y seguir. La inercia es aceptada, la quietud postergada. Ya habrá tiempo de descansar.

Los sabios han despertado y no hay que desoirlos. Ellos me aconsejan, me apañan, mecen mi cuna. Enaltecen mi nombre y recriminan mi lado mortal y cruel.

Existo y es mucho. Dios por sobre todo, sobre mi vida y la de los que amo. Dios en natura y en mí. Dios protege mi pluma, disfrazada en un mundo de indescifrables códigos binarios.

Me remito a la pequeña muerte. Es el deseo de descanso; pero no el eterno. Hoy no existe la eternidad, sólo el ser, el que permanecerá para siempre. Y mis lágrimas serán mi alimento. Y así podré perdurar.

Carta personal escrita por Elizabeth Soledad Pezzimenti (Ciudad de Buenos Aires, 7 de agosto de 1977). Escritora, ganadora del concurso anual de poesía del partido de San Isidro, año 2009

noviembre 29, 2010 - Escribir una respuesta

“Ando entre las sombras de lo que fuí y el vestigio de lo que aún soy: inerme, depurando el dolor, reciclándolo para así transformarlo en aquel amargo licor con el que se regocijan Baco y los sátiros, cual Garik buscando un halo de histrionismo para hacer a los humanos reír.

Un bufón dirían todos, y sí. Un histriónico Pierrot que vaga, robando sonrisas por allí. Para algunos soy ese arcano indescifrable sin numeración. “El loco”, “Le fou”, que camina sin ver los chacales que le desgarran el muslo y el abismo sobre el cual caerá con su bolsito de trivialidades que lo satisfacen.

Pero querida mía, sabéis mejor que todos que esta dantesca u opioide descripción es una gran treta para engañar al destino, enmarañarlo, seducirlo. Y bien sabéis que es un sucio juego en el que os ruego jamás querráis caer.

Vuestra alma es noble, un poco esteparia cuando lo deseáis, cristalina y resplandeciente como el nácar. Y aunque pasen mil años y nos encontrásemos en la eternidad, os aseguro las puertas de los cielos estarán para vos abiertas. Porque no es un escenario vuestra vida: no fingís, actuáis. Sois ese halo entre los bosques invernales que dan paz a la conciencia, la memoria. Sois palabra de honor, lealtad, despojada de temores frente a la vida cual roca que sabe será empujada por la pleamar. Aún así os quedáis envuelta en espuma salada y hacéis de ella lo que los wikings sangre y miel llamaban poesía, arte.

Ah, querida mía, ese es vuestro pase a los cielos: la veracidad. El combate eterno contra los malsanos juegos de los dioses que gozan en hacernos tropezar, y aguardan nuestras caídas. Pero vos, como la gran Roma seguirás de pie siempre. Porque habéis nacido para imperar en los corazones humanos, en natura y vos misma. Porque no hay mayor victoria que la de salir triunfante ante nuestros dolores.

No cometáis jamás mi error. Las máscaras venecianas dejan grietas en el alma.

Se fuerte, verídica, como lo has sido hasta hoy. Que aquellos que a tus plantas estamos nos da el gran honor compartir con Patricia, la gran artista, hasta un micrón de tiempo.

Jamás olvidéis que os quiero. Y soy bicho reacio para querer. A la hora que sea, atemporalmente aquí estoy. Llamadme y en la poca cordura que tengo os oiré con honor y placer.

Y si la soga os aprieta el cuello os la sacaré y si fuere necesario en el mío la colocaré.”

Elizabeth Pezzimenti de Pistoresi

Junio 6. 2008

Sólo un momento.

abril 22, 2008 - Escribir una respuesta

Nada me retuvo. Me liberé y fuí hacia sentires que sobrepasaban mi ser.

La bomba explotaría en pocos minutos. La visión interior no ve lo insignificante, sino el burdo deseo vital.  La fuerza sabe cuándo ceder; pero desconoce cuándo morir.

Tu mano bajo la cual se veían las cosas, hoy desdibuja mi realidad, la nuestra.

¿Acaso el cielo o el infierno no son lo mismo? ¿Dónde estarán dios y sus diantres?

Hoy descubro la vida por segunda vez. Siempre me había gustado vivir y no lo sabía.

Tomé un pedazo de pan duro, lo remojé en agua y lo comí cual comunión que debía tener conmigo misma.

La bomba va a explotar en este bar. Que la cruz no pese más que mi condena.

Battersea powerstation or Retiro?

marzo 12, 2008 - Escribir una respuesta

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Algo de mi anglofilia puesta de manifiesto en una imagen. De no ser por mi curador y gran amigo, el fotógrafo  Carlos Villacorta Zegarra no hubiera comprendido la riqueza del mundo de los haluros de plata.

11

marzo 12, 2008 - Una respuesta

11, mi número predilecto. En este día, martes 11 de marzo del 2008 doy comienzo a mi espacio. Bienvenidos a todos aquellos que deseen observar, compartir, criticar y participar.

Patricia es mi  primer nombre, aunque me gusta usar el segundo, Liliana, que me permite combinar y crear.  Y así soy Ana a la que le gusta la lógica. También soy analógica y me agradan las analogías. Y a veces la lógica me juega malas pasadas. Como en este caso, donde me mareo en los intentos por manejar esta herramienta digital que es mi blog.

Este es recién el comienzo… y el camino 

Patricia L. Quevedo R.

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