“Ando entre las sombras de lo que fuí y el vestigio de lo que aún soy: inerme, depurando el dolor, reciclándolo para así transformarlo en aquel amargo licor con el que se regocijan Baco y los sátiros, cual Garik buscando un halo de histrionismo para hacer a los humanos reír.
Un bufón dirían todos, y sí. Un histriónico Pierrot que vaga, robando sonrisas por allí. Para algunos soy ese arcano indescifrable sin numeración. “El loco”, “Le fou”, que camina sin ver los chacales que le desgarran el muslo y el abismo sobre el cual caerá con su bolsito de trivialidades que lo satisfacen.
Pero querida mía, sabéis mejor que todos que esta dantesca u opioide descripción es una gran treta para engañar al destino, enmarañarlo, seducirlo. Y bien sabéis que es un sucio juego en el que os ruego jamás querráis caer.
Vuestra alma es noble, un poco esteparia cuando lo deseáis, cristalina y resplandeciente como el nácar. Y aunque pasen mil años y nos encontrásemos en la eternidad, os aseguro las puertas de los cielos estarán para vos abiertas. Porque no es un escenario vuestra vida: no fingís, actuáis. Sois ese halo entre los bosques invernales que dan paz a la conciencia, la memoria. Sois palabra de honor, lealtad, despojada de temores frente a la vida cual roca que sabe será empujada por la pleamar. Aún así os quedáis envuelta en espuma salada y hacéis de ella lo que los wikings sangre y miel llamaban poesía, arte.
Ah, querida mía, ese es vuestro pase a los cielos: la veracidad. El combate eterno contra los malsanos juegos de los dioses que gozan en hacernos tropezar, y aguardan nuestras caídas. Pero vos, como la gran Roma seguirás de pie siempre. Porque habéis nacido para imperar en los corazones humanos, en natura y vos misma. Porque no hay mayor victoria que la de salir triunfante ante nuestros dolores.
No cometáis jamás mi error. Las máscaras venecianas dejan grietas en el alma.
Se fuerte, verídica, como lo has sido hasta hoy. Que aquellos que a tus plantas estamos nos da el gran honor compartir con Patricia, la gran artista, hasta un micrón de tiempo.
Jamás olvidéis que os quiero. Y soy bicho reacio para querer. A la hora que sea, atemporalmente aquí estoy. Llamadme y en la poca cordura que tengo os oiré con honor y placer.
Y si la soga os aprieta el cuello os la sacaré y si fuere necesario en el mío la colocaré.”
Elizabeth Pezzimenti de Pistoresi
Junio 6. 2008