La pasión me atormenta. Vivo, respiro, muero en cada parte de mi existencialismo.
El impulso vital se ha disparado, cual arma mortal de fuego. Renazco de entre las cenizas. Grito, lloro, perdono, castigo, maldigo, para al final ser bendecida.
Mi cuerpo estalla, mi alma respira oxígeno de refinada calidad. Ancestral y ancestros, genealogía y geniología. ADN y la nada. Muestras de amor y de odio. Todo es una confusión que sirve para despejar dudas, retomar y seguir. La inercia es aceptada, la quietud postergada. Ya habrá tiempo de descansar.
Los sabios han despertado y no hay que desoirlos. Ellos me aconsejan, me apañan, mecen mi cuna. Enaltecen mi nombre y recriminan mi lado mortal y cruel.
Existo y es mucho. Dios por sobre todo, sobre mi vida y la de los que amo. Dios en natura y en mí. Dios protege mi pluma, disfrazada en un mundo de indescifrables códigos binarios.
Me remito a la pequeña muerte. Es el deseo de descanso; pero no el eterno. Hoy no existe la eternidad, sólo el ser, el que permanecerá para siempre. Y mis lágrimas serán mi alimento. Y así podré perdurar.
Li’L nace, y este para ser el hecho más importante de su biografía, además de su deseo de pequeña muerte.
Pequeña muerte…, me gusta como suena